La sombra que no quieres mirar: lo que muestra tu Casa VIII sin filtros
La Casa VIII es el lugar donde guardamos todo lo que nos da miedo mirar de frente. Es la zona de la carta donde se concentran nuestros tabúes, heridas, culpas, deseos ocultos, traumas, pérdidas, obsesiones y pulsiones más profundas. No habla de lo que mostramos, sino de lo que reprimimos. Por eso cuando la trabajamos en consulta, se remueve el alma. La Casa VIII te coloca ante ti misma sin maquillaje. Aquí no hay fachada, solo verdad.
Esta casa revela cómo gestionas el dolor, cómo vives el sexo emocional, cómo manejas el poder y cómo te relacionas con tus sombras. También muestra por qué te enganchas a personas que sabes que no te convienen, por qué repites determinados vínculos y qué parte de ti teme transformarse. La Casa VIII es el territorio de Plutón: muerte simbólica, renacimiento y catarsis. Lo que no reconoces aquí suele gobernarte desde la sombra.
Un ejemplo muy claro de mi archivo es Sara, Luna en casa VIII en oposición a Plutón. Vivía cada relación con una intensidad que ella confundía con amor, pero era miedo profundo a ser abandonada. Necesitaba recrear ese abandono para comprobar si alguien se quedaba. Su Casa VIII no hablaba de pasión: hablaba de una herida infantil que pedía ser vista. Cuando lo entendió, pudo empezar a amar sin ese vértigo constante.
Otro caso es Paula, Venus en casa VIII. Atraía hombres con problemas, heridas, crisis o doble vida emocional. Su sombra era la necesidad de sentirse imprescindible. Creía que si no “salvaba” a alguien, no valía. La Casa VIII revelaba el patrón del sacrificio afectivo. Cuando dejó de vincular su valor al sufrimiento del otro, su energía cambió y comenzó a elegir relaciones reales, no proyectos de redención.
Y está Nerea, Marte en casa VIII en cuadratura al Sol. Tenía un conflicto interno con su propia agresividad emocional: explotaba, hería y luego se culpaba. Su sombra era la incapacidad para mostrarse vulnerable. Prefería el ataque antes que revelar fragilidad. La Casa VIII señalaba un dolor antiguo expresado como defensa. Al reconocer la herida, la rabia dejó de dominarla.
La Casa VIII no es un castigo. Es un portal iniciático. Solo cuando miras tus sombras puedes dejar de estar gobernada por ellas. Lo que ocultas te controla; lo que aceptas te libera. La Casa VIII muestra tu herida… pero también tu poder. Todo lo que duele aquí, cuando se integra, se convierte en fuerza emocional, intuición profunda y capacidad de renacimiento. Es la alquimia personal en su máxima expresión.

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