El eclipse que marcó tu alma: comprender tu propósito a través del Nodo Sur

 El alma no tiene pasado ni futuro. Vive en un tiempo distinto, fuera de la línea cronológica donde nuestra mente se mueve. En el mundo espiritual, los acontecimientos no suceden en secuencia: se entrelazan, se reflejan, se mezclan. Lo que llamamos “vidas pasadas” podrían estar ocurriendo ahora, en otra frecuencia del ser; y lo que llamamos “vidas futuras” quizá son ecos de algo que ya hemos comenzado a crear.



Por eso, cuando observamos el Nodo Sur en una carta natal, no hablamos de un recuerdo literal del pasado, sino de una frecuencia del alma, una vibración que aún está activa en nosotros. Es una energía que no terminó de cerrarse y que, por tanto, sigue manifestándose —ya sea como memoria, tendencia o atracción— en este plano de existencia.

Cuando ocurre un eclipse cerca del Nodo Sur, se produce una apertura entre planos. Es como si se activara una grieta en el tiempo donde varias vidas se tocan a la vez. En esos días, podemos sentir una intensidad emocional difícil de explicar, reencuentros que parecen venir de “otra historia”, o sensaciones de déjà vu que no se relacionan con esta vida. En realidad, lo que sucede es que el alma se está comunicando con otra de sus versiones, en otro lugar, en otro tiempo que también le pertenece.

El Nodo Sur actúa como un punto de resonancia multidimensional. No solo muestra quién fuiste, sino también quién eres en planos paralelos del alma. Y cuando un eclipse lo toca, esa resonancia se amplifica. Lo que vivimos no es un cierre lineal, sino una fusión de tiempos: el alma intentando unificar sus fragmentos dispersos, reconciliar lo aprendido en diferentes dimensiones de experiencia.

Recuerdo el caso de Elena, con el Nodo Sur en Escorpio. Durante un eclipse lunar sobre su Nodo, comenzó a tener sueños vívidos de un lugar antiguo que no reconocía y, a la vez, sintió un fuerte impulso de dejar un trabajo donde llevaba años sintiéndose vacía. Lo curioso es que, al investigar su historia, descubrió que esos sueños coincidían con imágenes que había visto en su infancia, cuando sentía que “ya había estado allí”. En consulta, comprendimos que no estaba recordando algo del pasado, sino conectando con otra línea de su alma que, en otro plano, aún estaba buscando liberarse.

Otro ejemplo fue Luis, con el Nodo Sur en Leo en casa X. Cada eclipse que activaba ese punto le traía la misma sensación: la de haber vivido bajo los focos, pero sin ser feliz. Un día me dijo: “Siento que estoy corrigiendo algo que ocurrió en otra vida, pero también que aún sigue ocurriendo, en algún lugar de mí”. Esa frase resume lo que el Nodo Sur encierra: no cerramos el pasado, lo integramos. No lo olvidamos: lo abrazamos hasta disolver la necesidad de repetirlo.

Desde una visión cabalística, podríamos decir que el alma está tejiendo su Tikún —su proceso de corrección— a través de todas las dimensiones donde existe. Y cuando un eclipse toca el Nodo Sur, ese Tikún se acelera. Se borran fronteras entre mundos y se nos da la oportunidad de reconciliar experiencias que antes estaban separadas. Es como si el alma dijera: “Ya no necesito dividirme entre lo que fui, lo que soy y lo que seré. Ahora puedo unirme”.

Por eso, estos eclipses pueden vivirse como una crisis o como una revelación. Nos confrontan con escenas repetidas, emociones que vuelven o vínculos que parecen inevitables. Pero lo que en realidad ocurre es una purificación de líneas temporales, una convergencia donde el alma decide cuál de todas sus versiones seguirá viva en la conciencia. Lo que soltamos en ese momento no es solo un recuerdo: es una energía que estaba activa en distintos planos.

Comprender esto transforma completamente la visión del Nodo Sur. No es un “pasado” a dejar atrás, sino una dimensión que está pidiendo ser integrada en el presente. Todo lo que hemos sido —en esta vida o en otra— vive dentro de nosotros. Y cada eclipse es una oportunidad para reunir esos fragmentos, reconciliar polaridades y avanzar con una luz más completa.

El propósito del alma no es olvidar sus vidas anteriores, sino fundirlas en una sola conciencia. Y el eclipse que toca el Nodo Sur es ese instante misterioso en que el tiempo se curva, el velo se abre y comprendemos que el viaje nunca fue lineal: siempre fue circular, como las órbitas de los planetas y el pulso eterno de la creación.


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