Por qué hoy practico Astrología Cabalística (Y por qué la considero la más importante)
A punto de cumplir los 60 años, y después de 46 dedicados al estudio y la enseñanza de la astrología —tanto desde la perspectiva clásica como psicológica— he llegado a una conclusión profunda y vivencial: la Astrología Cabalística ocupa hoy un lugar central en mi vida. Es más que una herramienta de interpretación. Es una vía de transformación.
No digo esto en desmedro de las otras formas de astrología que he practicado y que sigo compartiendo. Al contrario. Cada una ha sido una etapa en mi proceso y sigue teniendo un valor. Pero en este momento de mi recorrido, la astrología cabalística me ofrece una profundidad y una verdad que no he encontrado en ninguna otra.
La astrología como mapa del alma
Lo primero que me llevó a enfocarme en la astrología cabalística fue su capacidad para mostrar la misión del alma. Comprender para qué estamos aquí no es una cuestión teórica: es una necesidad existencial. Cuando una persona no está alineada con su propósito, enferma. Y si es una persona de naturaleza expansiva, puede incluso afectar a los demás.
La Cábala enseña que la desconexión entre el alma y su camino produce un desequilibrio que no solo se manifiesta en el cuerpo o en la mente, sino también en el entorno. Desde esta perspectiva, la astrología se convierte en una forma precisa de diagnóstico espiritual. Una vía para reconocer los desajustes y también para trabajar en su corrección.
Tikún: corrección y transformación
La astrología cabalística no se limita a señalar aspectos del carácter o momentos difíciles. Su objetivo es mostrar el Tikún, la corrección que el alma necesita realizar. Esta corrección se basa en el paso del deseo egoísta al deseo de otorgar, y en la integración consciente de aquello que, en otras vidas, no fue armonizado.
La Cábala nos habla del Gilgul, la rotación de las almas, que no es un castigo sino un proceso de aprendizaje. Comprender este principio me permitió mirar las cartas natales con otros ojos: los de quien busca las huellas del alma en su trayecto hacia la luz. Lo que vemos en una carta son fractales de conciencia, aspectos no resueltos, dones olvidados o bloqueos que requieren ser trabajados.
Y también señales de ayuda. La tradición cabalística menciona el Ibbur, la posibilidad de recibir durante esta vida la guía de un alma elevada que nos impulsa a cumplir una misión. Todo esto forma parte de un sistema más amplio, en el cual el alma no se mueve de forma lineal, sino multidimensional.
No justificar el desequilibrio, sino corregirlo
He conocido muchas personas que, por desconocimiento o por falta de guía, terminan identificándose con sus desequilibrios. Algunos incluso llegan a considerarlos virtudes. Pero quien se compromete con la astrología cabalística no se conforma con saber que tiene una dificultad: trabaja activamente para armonizarla, para refinar su deseo y para convertirse en canal de luz.
El mapa natal es una invitación a la conciencia. Muestra no solo lo que traemos, sino lo que podemos llegar a ser si trabajamos correctamente las energías. Las sefirot del Árbol de la Vida nos enseñan que todo desequilibrio es, en esencia, una oportunidad de revelar luz en una vasija que aún no está preparada.
El Tikún personal y el Tikún Olam
Una de las enseñanzas más potentes que me ha dejado la Cábala es que el Tikún individual está íntimamente ligado al Tikún Olam, la corrección del mundo. Cada vez que alguien trabaja sobre sí mismo, está elevando también el nivel vibratorio del entorno, de su comunidad, y por extensión, del mundo.
Hoy somos más de ocho mil millones de personas en este planeta. Es evidente que la redención no vendrá por decreto, sino por el trabajo consciente de una masa crítica que asuma la responsabilidad de su alma. No se trata de salvar al mundo desde fuera, sino desde dentro. El cambio es interno, espiritual, profundo.
La cábala me ha enseñado que no hay transformación exterior sin transformación interior. Y que todo esfuerzo por elevar mi alma, incluso en lo más cotidiano, forma parte de un proyecto mayor, cósmico, colectivo.
Nuestros dones y talentos
También traemos dones. No todo lo que heredamos de otras vidas son bloqueos o desequilibrios. Cada alma desciende con ciertas luces ya trabajadas, capacidades latentes que son fruto del esfuerzo espiritual de otras vidas. La astrología cabalística no solo revela lo que falta por corregir, sino también lo que ya fue conquistado. Esas cualidades no deben permanecer dormidas. Es nuestra tarea potenciarlas hasta el infinito, hacerlas crecer, expandirlas con conciencia y ponerlas al servicio del propósito superior. En ese equilibrio entre corrección y expansión está el verdadero camino del alma.
En la Cábala se nos enseña que todo lo que se nos ha otorgado debe ser perfeccionado y elevado. Los dones no son privilegios personales, sino chispas del alma que deben ser desarrolladas hasta su máxima expresión para cumplir su propósito en el gran entramado del universo. Como recipientes (Kelim) de la Luz del Ein Sof, estamos llamados a refinar nuestras cualidades y hacerlas brillar, no para engrandecernos, sino para revelar la Luz que hay en nosotros y contribuir así al Tikún Olam, la corrección del mundo. Ocultar un don o dejarlo sin cultivar es, en cierto modo, negarse a cumplir con el contrato espiritual del alma. Desarrollarlo, en cambio, es una forma de servir al propósito divino.
Mi camino hoy
No he dejado de enseñar astrología clásica predictiva. Tampoco he dejado de divulgar la astrología psicológica. Ambas siguen siendo lenguajes valiosos. Pero hoy, después de tantos años de búsqueda, puedo decir que la astrología cabalística se ha convertido en mi vía preferida de estudio, enseñanza y transformación.
Me ayudó a mí, y si puede ayudar a otros, entonces sé que estoy en el camino correcto. Porque no se trata solo de entender la carta, sino de corregir el alma. Y si a través de este trabajo podemos acercarnos, aunque sea un poco, al propósito por el cual fuimos creados, entonces ya hemos dado un gran paso hacia la luz. Cuando ayudo en esto a mis clientes y estudiantes y al mismo tiempo les descubro y les ayudo a potenciar sus dones, me siento feliz, pues ese es el camino de mi alma.

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