Qué es realmente la Cábala y qué no es
La Cábala despierta desde hace tiempo una enorme fascinación. El Árbol de la Vida, las sefirot, las letras hebreas, la gematría, los Nombres Divinos o conceptos como Ein Sof y Tzimtzum han trascendido el ámbito estrictamente judío y han entrado en contacto con distintas corrientes espirituales y esotéricas de Occidente.
Precisamente por esa difusión, cuando hablamos hoy de Cábala podemos estar refiriéndonos a cosas bastante diferentes. Por eso, antes de profundizar en su estudio, conviene comenzar por una pregunta fundamental: ¿qué es realmente la Cábala y qué cosas, aunque puedan relacionarse con ella, no constituyen por sí mismas la Cábala?
La Cábala como camino de conocimiento
La palabra Cábala procede del hebreo Qabbalah y está relacionada con la idea de recepción o tradición recibida.
En términos generales, la Cábala constituye una vía de conocimiento dentro del misticismo judío que trata de aproximarse a algunas de las grandes cuestiones de la existencia: el origen de la Creación, la relación entre lo infinito y lo finito, la estructura espiritual de la realidad, la naturaleza del alma y el proceso de transformación del ser humano.
No se trata únicamente de acumular conceptos intelectuales.
El estudio cabalístico propone también una transformación de la conciencia. Conocer el Árbol de la Vida o memorizar los nombres de las sefirot tendría poco sentido si ese conocimiento no nos conduce también hacia una mayor comprensión de nosotros mismos, de nuestros desequilibrios y de nuestra relación con los demás.
La Cábala es, por tanto, conocimiento, pero también trabajo interior.
Ein Sof: el misterio de lo Infinito
Uno de los conceptos fundamentales de la Cábala es Ein Sof, literalmente «Sin Fin».
Ein Sof representa la dimensión infinita de la Divinidad, aquello que está más allá de cualquier definición o conceptualización.
Aquí encontramos una de las primeras enseñanzas importantes del pensamiento cabalístico: nuestra mente trabaja mediante conceptos, límites y definiciones, mientras que lo Infinito, por su propia naturaleza, no puede quedar encerrado completamente dentro de ninguno de ellos.
Mario Sabán señala precisamente esta dificultad al estudiar el problema de la Creación: hablar de Ein Sof significa acercarse a aquello que, en última instancia, desborda el lenguaje humano.
La Cábala no pretende, por tanto, reducir el misterio a una explicación sencilla. Más bien intenta construir un lenguaje simbólico que permita aproximarnos a él.
Del Infinito a la Creación
Una de las grandes preguntas cabalísticas es cómo puede existir un universo limitado dentro de una realidad divina infinita.
En la Cábala luriana aparece aquí el concepto de Tzimtzum, habitualmente traducido como contracción.
Esta doctrina intenta explicar simbólicamente cómo puede surgir un espacio para la existencia de lo creado.
A partir de este proceso se desarrolla una compleja cosmología que trata de explicar la manifestación de los mundos, las sefirot y la estructura espiritual de la realidad.
Por eso conceptos como Ein Sof, Tzimtzum, los mundos cabalísticos y el Árbol de la Vida no deberían estudiarse aisladamente. Forman parte de una misma pregunta fundamental: ¿cómo pasa la realidad de la unidad infinita a la multiplicidad de la Creación?
El Árbol de la Vida
Probablemente el símbolo más conocido de la Cábala sea el Árbol de la Vida.
Está compuesto por diez sefirot y constituye una representación de diferentes niveles o dimensiones de la manifestación.
Las sefirot no deberían entenderse simplemente como diez objetos separados. Constituyen un sistema dinámico de relaciones.
Kéter, Jojmá, Biná, Jesed, Guevurá, Tiféret, Netzaj, Hod, Yesod y Malkut expresan diferentes cualidades que participan en el proceso de la Creación y que, al mismo tiempo, pueden utilizarse como mapa para comprender diferentes dimensiones del ser humano.
Por eso el Árbol puede estudiarse tanto desde una perspectiva cosmológica como psicológica y espiritual.
La tradición cabalística establece continuamente correspondencias entre macrocosmos y microcosmos: aquello que encontramos en la estructura de la realidad puede reflejarse también en nuestra propia estructura interior.
Cábala no significa simplemente esoterismo
Aquí aparece una distinción especialmente importante.
En Occidente, la Cábala entró progresivamente en contacto con distintas tradiciones herméticas y esotéricas. De ese encuentro surgieron sistemas que relacionaron el Árbol de la Vida con la astrología, el Tarot, la alquimia, la magia ceremonial y otros lenguajes simbólicos.
Estas correspondencias pueden ser extraordinariamente interesantes y constituyen una parte importante de la historia del esoterismo occidental.
Pero conviene distinguirlas de la Cábala judía propiamente dicha.
Por ejemplo, identificar sistemáticamente los veintidós Arcanos Mayores del Tarot con los veintidós senderos del Árbol pertenece fundamentalmente al desarrollo de la Cábala hermética, no al núcleo original del misticismo judío.
Lo mismo ocurre con muchas correspondencias astrológicas o alquímicas desarrolladas posteriormente.
Esto no significa que debamos rechazarlas. Significa simplemente que debemos saber de dónde procede cada enseñanza.
La precisión histórica y doctrinal no reduce el simbolismo. Al contrario: nos permite comprenderlo mejor.
Existen distintas corrientes
Hablar de «la Cábala» como si hubiera existido siempre un único sistema perfectamente uniforme puede llevarnos a simplificaciones.
A lo largo del tiempo encontramos diferentes desarrollos, autores y escuelas.
Podemos estudiar la Cábala judía y sus diferentes etapas históricas; la Cábala luriana desarrollada alrededor de las enseñanzas de Isaac Luria; aproximaciones contemporáneas; formas de Cábala práctica relacionadas con letras, Nombres Divinos y determinados procedimientos rituales; y posteriormente la Cábala cristiana y la Cábala hermética occidental.
Estas corrientes pueden relacionarse entre sí, pero no deben confundirse.
Para un estudiante resulta fundamental aprender desde el principio a preguntarse:
¿De qué tradición procede esta enseñanza?
Esa sencilla pregunta evita una enorme cantidad de confusiones.
La Cábala tampoco es una fórmula para conseguir lo que deseamos
Existe otro riesgo contemporáneo: reducir la Cábala a una especie de tecnología espiritual para atraer dinero, pareja, éxito o protección.
Dentro de la tradición cabalística encontramos prácticas, meditaciones, Nombres Divinos, combinaciones de letras y diferentes formas de trabajo espiritual.
Sin embargo, reducir todo este conocimiento a una herramienta para satisfacer los deseos personales empobrece profundamente su sentido.
Un concepto fundamental de la Cábala es precisamente el Tikún, la corrección o rectificación.
El interrogante no es únicamente «¿cómo puedo conseguir lo que quiero?», sino algo mucho más profundo:
¿qué debo transformar en mí?
Desde esta perspectiva, el verdadero trabajo comienza cuando dejamos de utilizar lo espiritual exclusivamente para reforzar nuestros deseos y empezamos a observar la naturaleza de esos deseos, nuestras intenciones y nuestra forma de relacionarnos con la realidad.
¿Es la Cábala una religión?
La Cábala nace y se desarrolla dentro del judaísmo y no puede comprenderse completamente ignorando ese contexto.
Sus textos, símbolos, letras, Nombres Divinos y conceptos están profundamente vinculados con la tradición hebrea.
Al mismo tiempo, a lo largo de los siglos sus ideas han sido estudiadas, interpretadas y adaptadas por personas pertenecientes a otros contextos culturales y espirituales.
Por eso hoy podemos encontrar aproximaciones muy diferentes.
Lo importante para quien comienza a estudiar es no borrar las diferencias entre ellas.
Estudiar seriamente la Cábala requiere respetar sus fuentes y, al mismo tiempo, comprender cómo determinadas ideas fueron posteriormente reinterpretadas por otras escuelas.
Entonces, ¿para qué estudiar Cábala?
Quizá la respuesta más sencilla sea que la Cábala ofrece un mapa.
Un mapa de la Creación, pero también un mapa del ser humano.
Nos propone contemplar la realidad como una estructura interrelacionada y comprender que dentro de nosotros existen fuerzas de expansión y restricción, misericordia y rigor, intelecto y emoción, recepción y otorgamiento.
El Árbol de la Vida representa precisamente la búsqueda de un equilibrio entre esas fuerzas.
Estudiar Cábala no significa necesariamente obtener respuestas definitivas.
En muchas ocasiones significa aprender a formular preguntas más profundas.
¿Qué significa recibir?
¿Qué significa otorgar?
¿Qué parte de nosotros necesita corrección?
¿Qué relación existe entre nuestra individualidad y la totalidad?
¿Qué significa realmente conocer?
¿Hasta dónde puede llegar el pensamiento humano cuando intenta aproximarse a lo Infinito?
Estas preguntas acompañan al estudiante mucho más allá de cualquier definición teórica.
Un camino de estudio
La Cábala es una tradición extraordinariamente extensa y compleja. Nadie necesita comprenderla completamente antes de comenzar.
Pero sí conviene empezar por unos fundamentos sólidos: conocer sus principales conceptos, distinguir sus diferentes corrientes y aprender a reconocer qué pertenece a las fuentes cabalísticas y qué procede de desarrollos posteriores.
Ein Sof, Tzimtzum, el Árbol de la Vida, las sefirot, los mundos y la estructura del alma constituyen un excelente punto de partida.
Después podrán aparecer otros territorios: las letras hebreas, la gematría, los Nombres Divinos, la Cábala práctica o las relaciones que determinadas escuelas establecieron con la astrología, el Tarot y la alquimia.
Pero primero necesitamos conocer el mapa.
Porque estudiar Cábala no consiste simplemente en aprender símbolos.
Consiste en aprender a leerlos.

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