Cuando Venus recuerda lo que el alma aún no ha olvidado
Una mirada astrocabalística a la conjunción de Venus con el Nodo Sur lunar
Hay alineaciones planetarias que actúan como puentes entre lo visible y lo invisible. Momentos en que los hilos del tiempo se tensan y, por un breve instante, nos permiten escuchar la voz sutil del alma. La conjunción actual de Venus con el Nodo Sur de la Luna es uno de esos momentos. Un tránsito que, desde la astrología cabalística, despierta memorias afectivas que no nacen en esta vida, sino que resuenan desde otras encarnaciones. Y no lo hace de forma casual: lo hace a través del encuentro con otro ser humano.
Venus, en el mapa del alma, representa mucho más que el amor romántico. Es el arquetipo de la atracción, del deseo que nos mueve hacia lo bello, lo armonioso, lo que da placer y consuelo. Pero también es el símbolo del espejo: ese otro en quien nos reconocemos y, al mismo tiempo, en quien proyectamos nuestras carencias. Cuando Venus se encuentra con el Nodo Sur, se activa un eje del alma: el punto donde acumulamos experiencias de otras vidas. Es allí donde habitan las relaciones no concluidas, los apegos no resueltos, las lealtades invisibles.
Desde la visión cabalística, el alma no camina en línea recta. La estructura del alma es multidimensional y sus memorias viajan como fractales a través del tiempo. Las relaciones que se despiertan bajo este tránsito suelen estar marcadas por una energía de reencuentro. A veces irrumpen de forma inesperada. Una persona que aparece y, sin saber por qué, sientes que ya la conoces. Una antigua relación que resurge. O incluso, una conexión que permanece en silencio, pero que internamente grita. Todo esto es expresión de lo que los sabios llamaron Gilgulim —las rotaciones del alma—, donde las historias inacabadas buscan una oportunidad más para completarse.
Pero no debemos romantizar esta conjunción. No todo reencuentro es sinónimo de destino cumplido. El Nodo Sur es un punto de liberación, no de anclaje. Nos muestra lo que ya no necesitamos, incluso si aún lo deseamos. Venus en esta posición puede traer relaciones intensas, llenas de emoción y familiaridad, pero también cargadas de patrones repetitivos, espejismos emocionales o nostalgia disfrazada de amor. En algunos casos, la vida pone a alguien frente a ti no para quedarse, sino para ayudarte a recordar quién fuiste... y, con suerte, elegir conscientemente quién decides ser ahora.
En el Árbol de la Vida, la esfera de Netzaj se asocia con Venus: allí habita la energía del deseo emocional, del arte, del vínculo. Pero cuando esta energía se desequilibra, puede volverse adictiva, dependiente o evasiva. La conjunción con el Nodo Sur activa precisamente este punto: un deseo que viene del pasado, de otra vida, de otro estado del alma. Es una fuerza que te llama con dulzura... pero también con una urgencia que puede doler.
Este tránsito, entonces, nos invita a un acto de discernimiento profundo. ¿Qué vínculos persisten solo por inercia emocional? ¿Qué tipo de amor estamos buscando revivir? ¿Qué parte de nuestra alma está lista para sanar a través de una despedida consciente? Porque a veces reencontrarse no significa continuar, sino cerrar un ciclo con amor. Y otras veces, reencontrarse es la señal de que es momento de hacer las cosas de otra manera, desde un nivel de conciencia más elevado.
La Cábala nos enseña que cada relación tiene un propósito dentro del Tikún, el proceso de corrección del alma. Nadie aparece en nuestro camino sin motivo. Cada encuentro está orquestado para que reconozcamos un fragmento de nuestra luz que ha quedado atrapado en la sombra. La astrología cabalística no predice desde el ego, sino que acompaña a la conciencia a través del mapa simbólico del alma. Por eso, cuando Venus se une al Nodo Sur, es tiempo de escuchar a la memoria espiritual. De preguntarnos qué necesita ser perdonado, comprendido o soltado.
Puede que esta conjunción traiga melancolía. O el deseo de recuperar algo perdido. Puede que despierte una herida que creíamos cerrada. Pero si te detienes a mirar con atención, verás que lo que se presenta no es un castigo ni una trampa, sino una invitación sagrada: la de tomar responsabilidad afectiva por lo que aún vibra en ti desde el pasado, y darle un lugar digno en el presente.
Este tránsito es efímero, pero su mensaje puede ser eterno. Escucha, siente, honra. Y sobre todo, elige desde el alma.

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