jueves, 6 de diciembre de 2018

Como es arriba, es abajo.

Los interesados en ocultismo estamos familiarizados con la Tabla Esmeralda, un enigmático texto atribuido a Hermes Trismegisto, el mítico padre del esoterismo. Si bien, algunas personas discuten la legitimidad de este texto y la existencia del tres veces grande Hermes --una especie de avatar del dios Hermes (Thoth-Mercurio)--, es indudable que el texto es uno de los más influyentes en la formulación del universo hermético cifrado en las correspondencias (incluso Newton, en su faceta de alquimista, hizo su propia traducción de este texto).



El adagio más famoso de la Tabla Esmeralda y, por su simpleza, insuperable, es:

Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para consumar el milagro de la Unidad.

Algo que comúnmente se resume en "como es arriba, es abajo" En otras palabras, según expresó Proclo en su comentario del Timeo de Platón: “El hombre es un pequeño mundo (mikros cosmos), ya que, como el universo mismo, posee tanto mente como razón, tanto un cuerpo divino como un cuerpo mortal. Está dividido en concordancia con el universo".

Una versión más actualizada de esto es explicada por Manly P. Hall:

El hombre está sujeto a su mundo por una simpatía de similitud. Aunque el cuerpo humano es menor en magnitud que el mundo, es similar en el arreglo de las partes. A través de esta similitud ciertos vínculos se mantienen y debido a esta simpatía mística la energía universal fluye dentro del hombre y hacia su vida objetiva. Los cabalistas llamaron al hombre "Espejo del Universo".

Puede que, para nosotros, no resulte evidente que nuestro mundo en la Tierra refleja el mundo celeste o que existe una intrincada conexión entre lo que nos sucede y lo que sucede en el cosmos, como si hubiera una red de filamentos entre los hombres y las estrellas (o ambos fueran parte de un mismo texto). Pero ya sea porque, según el conocimiento apilado por métodos intuitivos o visionarios, se creía que esto era literalmente así, o porque este andamiaje de interconexión y resonancia era la expresión simbólica de una filosofía –aquella de la unidad en todas las cosas—, el hombre antiguo construyó el edificio de su pensamiento basándose en este principio.

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