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Visión budista de la Casa Séptima.

   La séptima casa se relaciona con las personas más allegadas, desde la pareja hasta los amigos y compañeros de trabajo. Esta casa se refiere a qué tan importantes son otras personas para la vida de uno.



    Cuando posee tal disposición planetaria, una persona espiritual se enfoca de manera natural en otros y se esfuerza por ayudarlos. Es importante que se desarrollen medios inteligentes en estas  relaciones, o uno podría volverse muy entrometido. Los límites definen en dónde terminan las responsabilidades personales y dónde comienzan las de los demás. Una persona sabia es responsable de la acumulación de su karma personal y de cómo se presenta ante los demás. Aquí la importancia radica en la motivación y la presentación. La persona espiritual no es responsable de las reacciones de otros. Si una acción se realiza de una forma reflexiva y bien intencionada, cumple con las responsabilidades kármicas. Se ama, apoya y beneficia a los demás lo mejor posible. Si el ser a quien dedicamos atención piensa y actúa de modo similar, puede crearse una relación muy comprometida. Ambas partes disfrutan una de la otra y, sin embargo, son sólo responsables de sí mismos.

   Si no se definen las responsabilidades en forma apropiada, entonces se pasan por alto los límites y surgen el apego, las expectativas y el sufrimiento. Cuando una relación carece de sabiduría, un individuo expresa sus necesidades sin considerar las del otro, sino lo que podemos aportar para enriquecer la relación. Una persona espiritual con planetas en esta casa piensa en los demás antes de que ellos piensen en sí mismos. La verdadera camaradería proviene de la habilidad para ver un amigo por lo que es, no por lo que uno espera de él. La gente espiritual se esfuerza por ver a los demás por fuera del marco de sus necesidades personales. Ésta es una visión clara y directa de la persona. Dicha visión puede no ser por completo real a causa de los deseos y necesidades pesonales, pero un ser espiritual trata de ver a sus amigos y compañeros bajo una luz positiva.

    De las seis perfecciones budistas, la "moralidad" y la "paciencia" entran en esta casa. La perfección de la moralidad se busca para no hacer daño intencional a otros. Ese daño puede ser verbal o físico, pero la moralidad implica abandonar los pensamientos nocivos. La perfección de la paciencia se traduce en la habilidad para resolver las dificultades. Lograr esta perfección implica hacer ejercicios espirituales difíciles, como meditar muy temprano por las mañanas o tratar con gente complicada que desafía los límites personales. Paciencia significa dar una solución inteligente a cada problema.

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