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Neptuno en Aries

  Los planetas más lejanos en su tránsito por los signos del Zodíaco; Urano, Neptuno y Plutón. Al ser los más alejados de la Tierra, su movimiento aparente es extremadamente lento, de forma que el más rápido, Urano, tarda unos siete años en transitar solamente por un signo y 84 en dar la vuelta al Zodíaco. Neptuno tarda casi 14 en transitar cada signo y cerca de 166 años en dar la vuelta completa. Finalmente, el alejadísimo Plutón, de órbita irregular, puede llegar a tardar, en algunos casos, hasta casi 30 años en pasar por un solo signo y casi 247 en hacerlo por todo el Zodíaco. Debido a esta gran lentitud, el estudio de estos planetas no se puede abordar del mismo modo que hemos hecho con los anteriores, y que, en este caso, sus efectos se aprecian mucho más en el ámbito histórico o generacional que en el plano individual.

  Para ver mucho más claramente la influencia de estos planetas en el ámbito individual hay que estudiar su posición en las casas más que en los signos zodiacales, aunque al transitar por éstos marcan determinados periodos de la historia que tienen una características comunes.

  Solo en aquellas personas que tengan alguno de estos planetas ascendiendo o culminando, o formando una conjunción o en estrecho aspecto con el Sol, la Luna o el planeta regente de la carta, se podrán manifestar los efectos de estos tránsitos de modo individual y concreto y en algunas ocasiones en muy alto grado.

   Neptuno estuvo en Aries anteriormente entre los años 1862 y 1875. Este tránsito combina la naturaleza espiritual de Neptuno con la marcial y combativa de Aries. Como resultado, tendremos grandes novedades e iniciativas en el ámbito espiritual. Florecen nuevos conceptos religiosos y filosóficos y se imponen nuevos ideales. En los años citados, entre 1862 y 1875 nace el espiritismo de Allan Kardec y se funda la sociedad teosófica de Helena Blavatsky, también surgen los Bahai y los Testigos de Jehová, finalmente, en el mundo católico, se celebra el Concilio Vaticano I.


Helena Blavatsky


 Este tránsito produce una generación de personas que luchan por alguna causa, sienten que están cumpliendo una misión o defendiendo un ideal, como san Carlos Borromeo o Mahatma Gandhi. Esta posición tiene una gran afinidad o paralelismo con el espíritu de los cruzados o los templarios, que heroicamente empuñaban la espado bajo el signo de la cruz; o también con el de los ardientes y arriesgados misioneros, que poniendo su vida en peligro en tierras más lejanas. También vemos los mismos efectos en quienes luchan por defender o imponer nuevos y avanzados ideales políticos, destinados a traer al mundo la deseada prosperidad o felicidad como Julio César o Vladimir Lenin.  Aquí encontraremos a pesonas idealistas, de nobles sentimientos y heroico valor, que luchan ardientemente por salvar o rescatar a sus semejantes, convirtiéndose en un modelo a imitar para otros, como Winston Churchill al frente de Gran Bretaña en la segunda guerra mundial.

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